Cuaderno · 4 de noviembre de 2025

Traducir un título español sin inventarse el grado

El traductor jurado no está para mejorar tu currículum. Si el original dice “título propio”, el alemán no puede despertar convertido en un máster oficial.

Manos firmando un contrato con un bolígrafo

En Gipuzkoa y en Madrid hemos visto la misma tentación: pedir al jurado que use Master’s Degree porque “en la empresa lo van a entender mejor”. La empresa quizá sí. La oficina compara con bases de cualificaciones y con el sello de la universidad. La discrepancia no se discute con simpatía; se queda en un cajón de “aclarar”.

Los ciclos de FP tienen equivalentes y vías propias. Traducir Técnico Superior como Bachelor es un atajo que luego hay que deshacer con escritos. Mejor un término descriptivo fiel y, en paralelo, el reconocimiento o la comparabilidad que toque.

Apostilla y copias

El original español con apostilla visible se escanea entero, incluidos bordes. Recortar el sello para que “quede más limpio” ha retrasado más de un dossier en este estudio. La traducción se grapaba antes al original; ahora, en portales, se suben dos PDFs con el mismo número de expediente en el nombre de archivo.

Quién paga y quién elige idioma

Algunas oficinas aceptan inglés para el contrato y exigen alemán para el título. Otras al revés. No estandarizamos eso en una tabla pública porque cambia. En la lectura de caso lo miramos sobre el Merkblatt de destino, no sobre un hilo de 2019.

El jurado debe estar habilitado para el par de lenguas. Un traductor excelente de literatura no sustituye esa habilitación. El ahorro de treinta euros se paga en una segunda cita.

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